lunes, 11 de agosto de 2008

Clase Dominical


10/08/2008

La palabra de Dios dice que el salario por el pecado es la muerte (Romanos 6:23), desde el principio vemos cómo el primer hombre sobre la tierra, Adán, pecó (Génesis 3:6) y como consecuencia resultó la separación de Dios. Después Caín también cometió pecado cuando no ofreció lo mejor a Dios en su ofrenda (Génesis 4:3-5) y esto generó la separación de Dios. Cuando vamos a Génesis 11:4 nos damos cuenta cómo la gente quiso construir una torre para llegar hasta donde está Dios, y de la misma manera que los demás fueron separados de Dios (Génesis 11:8-9).

Cuando Dios habla de la palabra muerte se refiere a separación de Dios y esa es la condición del hombre pero Dios que tiene un plan perfecto para nosotros: nos dio vida cuando estábamos muertos (Efesios 2:1), El quiere que todo el mundo se arrepienta (2 Pedro 3:9), pero para hacerlo es necesario que el hombre tome el camino correcto. El único remedio para la muerte es la vida, y ésta se encuentra en Jesús, quien derramó su sangre por cada uno de nosotros.

Abraham fue obediente a Dios cuando recibió la orden de sacrificar o su único hijo Isaac, es un cuadro parecido al de Jesús en el sentido que Dios envió también a su único hijo para morir por el mundo entero pero con la diferencia que el si murió por el mundo entero e Isaac fue sustituido por un cordero.


Predicación

10/08/2008

La iglesia tiene un trabajo importante que hacer pero hay dos campos de interés, Dios nos encomendó una gran tarea que es hacer discípulo y el otro es procurar el desarrollo de la iglesia, en cuanto al desarrollo de la iglesia existen dos caminos para tomar: El camino Divino y el camino humano. En primer lugar podemos decir que el camino divino depende exclusivamente de Dios, él es el responsable del crecimiento de la iglesia (Hechos 2:47 b) pero es necesario que pidamos en oración este incremento dentro la congregación para que El nos pueda dar lo que deseamos (Santiago 4.1,2, Mateo 7:7-8), en segundo lugar el camino humano fue desarrollado por Jesús enviando hombres de dos en dos (Marcos 6:7: Lucas 10:1, Hechos 3:1, Hechos 13:1,2, Hechos 15:22; 36-40)

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